Para variar, por alguna razón mística, los baños de mujeres siempre están atascados en espera de ser utilizados (me imagino) y las largas filas son más que notorias. En los baños de hombres, en los que lamentablemente para su servidor no había papel (mmmm) habían dos tipos para hacer del dos. El tradicional (occidental) y el hindú. El baño hindú es como que para aquellos que lo quieren hacer de aguilita. Bueno... después de este intrascendente párrafo, regresemos al Taj.

La entrada al Taj Majal consta de una estructura central, la cual separa los jardines de las entradas principales a los de la cripta. En la entrada, para variar, uno encuentra unos lockers que les rentan aaquéllos que se les ocurrió traer videocámaras para que las guarden (ajá, sí) ya que, como les había comentado, no pueden ingresarlos a la altura donde inicia el canal.

En cuanto uno entra por la puerta principal, uno empieza a sentir la piel chinita porque vislumbra a lo lejos el Taj Mahal. Desafortunadamente la cámara es un poco chafa, por lo que no puede distinguirse el Taj del resplandor de la luz del día; sin embargo me gustaría que mis tres lectores se imaginaran la escena: va uno cruzando ese portal y empieza a vislumbrarse en toda su blancura este célebre edificio (bueno, tumba) hecho completamente de mármol. Hileras e hileras de turistas nacionales y extranjeros recorrían los mismos senderos por los que estábamos cruzando. Al final, cuando uno contempla la estructura, piensa que esas mugrosas 4horas aperrado en una van valieron la pena.

Aquí les pongo algunas fotitos del Taj para que se echen un quemón.

Como todos los ridículos que salen en las fotos del recuerdo, incluyendo algunos de mis compañeros, decidí tomarme la foto clásica de quesque sujetar el Taj por la punta (solo que el que me tomó la foto estaba medio bizco porque según él había salido muy bien sujetándola). Para esto, uno se sube a una plataforma que existe a mitad del patio exactamente donde se termina el célebre canal de agua que sale en las fotos de postales, menos acá, porque le andaban dando su manita de gato. A lo lejos, pueden apreciar la mezquita a la que van los viernes a realizar sus oraciones. La que no están remodelando es la Jawab que se encuentra al lado derecho del Taj (como siempre, respetando esa simetría).


Algunos de nosotros si estábamos animados a entrar dentro de la tumba, pero nos decían que para entrar al Taj, uno se debe de quitar los papos y dejarlos en unos casilleros que se encuentran localizados a la entrada del Taj. Permítanme desmentir eso: recuerdan las mugres esas como que de gasas que nos entregaron al comprar los boletos? bueno pos uno se debe de poner esas mugres encima de los zapatos (ver fotos en cuestión) para así poder ingresar al Taj. Todo esto lo hacen porque, de alguna manera, tratan de preservar lo más que se pueda el mármol por el que unos 2 millones de monos cruzan año tras año.

Los detalles que tiene el Taj son sorprendentes: todos los detalles que ven, las flores, la caligrafía, los diseños, todo es de mármol, nada es pintado, y ahí es donde está el chiste del edificio, imaginen a los que lo construyeron que para poner algún ornamento tenían que labrar el mármol blanco y luego le ensamblaban un ornamento del color deseado y que ensamblara perfectamente en el lugar donde antes se encontraba el anterior ornamento. No por nada encerraron al rey sus albañiles.

20mil obreros y casi un cuarto de siglo fue lo que tardaron en completar esta maravilla. Si muchos se habrán dado cuenta, el Taj trae muchos diseños islámicos y no sólo hindúes. Esto se debe a que su arquitectura es de estilo mogola; es decir, combina los estilos de arquitectura islámica, persa, india y turca. Esto debido a que el emperador musulmán que construyó todo esto era, efectivamente, mogol. Atrás del Taj podemos ver, en las fotos de abajo, cómo es serpenteado por el Río Yamuna. Contrario a lo que uno pudiera pensar (inclúyome en esa lista y lo admito sin vergüenza), no es en realidad el Río Ganges, sino una de sus afluentes principales.

La vista ciertamente era relajante, no puede uno encontrarle el final al río. Cuando lo contempla, de alguna forma se imagina cómo era la vida hace siglos, cuando recién habían empezado a construir este palacio.

A medida que pasaba la tarde, la perra hambre se apoderaba de nosotros, por lo que necesitábamos o buscar un lugar dónde comer por los alrededores o irnos al hotel y aguantarnos otras 4 horas. Como la segunda opción no era muy realista que digamos, uno de los miembros del equipo recordaba que por aquí había un hotel de más o menos glamour en el que podíamos ir a comer. Y es que algo que todo mundo nos ha recomendado (propios y extraños) es el evitar comer de la comida de la calle porque la neta uno no sabe ni de dónde sacaron lo que guisan, ni cómo lo preparan; por eso mismo la urgencia de buscar un Hotel más o menos con un restaurante.
Salimos por la entrada sur, y como les había anticipado a mis lectores, fuimos "asaltados" por una horda de vendedores bien fisonomistas (hasta tarjetas de presentación tienen los bárbaros) y por cierto, ustedes mis queridos lectores nunca se sientan mal por regatearles a los vendedores. Créanme, si le bajan a la mitad del precio que le ofrecen los artículos, ellos, un poquitín reluctantes, aceptarán.

El Hotel al que llegamos se llama Oberoi Amarvilas y, por como se oye el nombrecito es uno de esos de super glamours, nada más para que se de la idea la gata de glamours cuánto cuesta la noche en este changarro: la módica cantidad de USD 850 (si, leyeron bien).

Como todo edificio en India, pasamos por un cerco de seguridad. La recepción es realmente hermosa y los guardias visten a la uzanza clásica con coloridos turbantes y tocados. Una vez que nos confirmaron que podíamos acudir al comedor sin ser huéspedes, nos mandaron a un nivel inferior, que es donde se encuentra el restaurante.

Para esas horas no traía, digamos mucha solvencia económica por lo que solamente ordené una sopa de calabaza asada y romero, muy sabrosa por cierto y un sandwich de salmón noruego, pepino y alcaparras. El pan estaba tostado con incrustaciones de tomate seco horneado, sazonado en aceite de oliva. Muy muy sabroso por cierto y solamente por 1475 INR. Comparado con el precio por noche, pos realmente no se le hace a uno muy caro.
Como todo, esta historia ya se acercaba a su final y mientras el chofer venía por nosotros, paseamos por los alrededores del hotel. Bellas imágenes que uno saca por los alrededores. Y por cierto a mis tres lectores, éste
no es el mismo hotel que sale en Octopussy, ese es otro (ese es el Hotel Palacio Udaipur). Aunque como que a uno que otro se les hace similarones.

El chofer llegó como a las 6 pm y, al igual que el viaje de ida, el regreso fue de 4 horas por el tráfico constante y la neblina que nunca se quita. Llegamos como a las 10 pasadas de la noche, le pagamos al conductor la parte proporcional por piocha y procedí ir a subir a mi cuarto a mimir. El viaje, que consistió de 8 horas en la van, 4 y media dentro del Taj y el otro ratito en el Hotel Oberoi había finalizado.
El día siguiente era domingo; y en India usualmente lo toman la mayoría de los microchangarros como de descanso obligado.
Espero que hayan disfrutado el viaje como yo lo disfruté....
No hay comentarios:
Publicar un comentario